lunes, 17 de agosto de 2009

La Banca tiene lo suyo.

Ir al banco, representa para todos los venezolanos una decisión ardua de tomar. Debes verte obligado e ir dispuesto a enfrentar cualquier vicisitud que las actividades del banco dispongan.

1. El número de turno: Pueden pasar varias cosas; bien puedes correr con suerte y pescar el número de aquel que se ha rendido y de buen samaritano deja su “papelito” en la barra o darle al botón de tu misión bancaria y tomar el papel. PEROOOO si eres Cliente Estrella pasas tu tarjeta con la ilusión de tener un número más adelante que aquel que ha llegado 2 horas antes que tú.
* Lesly: Paso la tarjeta con ilusión (a pesar de saber que no soy Cliente Estrella)

2. La dulce espera: Luego de tomar el papel y ver que por delante hay 38 personas comienza a hacerse un cálculo matemático de tiempo. Ves alrededor y dices: “Sentados hay 18; quiere decir que 20 se han rendido o 10 se han rendido y 10 se han ido a pasear para esperar el turno…”
*Lesly: Decido ir a almorzar pues aún tengo TIEMPO. (Vale acotar que la presión no me deja comer en paz; como muy rápido y salgo de nuevo al banco.[reacción inmediata: INDIGESTIÓN] )

3. Es tu turno: Luego de haber esperado 2 horas después de haber tomado tu número te recibe un fulano ejecutivo con cara de incompetente. Vas directo al grano de lo que te atañe y el hombre es incapaz de resolver el problema y le lanza la pelota al de al lado. Acto seguido te haz ganado un enemigo: tu vecino de cubículo a quién el experto atendía y tiene aún más horas que tú en el banco.
*Lesly: Tuve que regresar a la oficina a volver a imprimir un fulano papel y luego regresar al banco a pelearme con alguien para que no pensaran que me estaba coleando… y así finalmente después de otra hora ser atendida por el especialista que sigue al lado del incompetente.

Esta experiencia de mi día de hoy, es el pan de cada día de cualquiera que decida, después de mucho posponerlo, ir al banco. Es un ambiente especial; tiene lo suyo. Silencio, tensión de las personas con apuros, hostilidad, llantos de bebés y un olor particular a aire acondicionado con papel de impresión que dispara los sentidos de alerta para cuando suena el clásico “ti-lún” del número siguiente.

No tengan miedo; vayan al banco!!!

Sólo espero que la ida del día de hoy haya valido la pena.